Reflexiones para una reforma de la reforma

Foto Reflexiones para una reforma de la reforma

Introducción: ¿por qué hablar de la doctrina de la justificación hoy?

No es exagerado señalar que el protestantismo surge a través de la reivindicación de la doctrina cristiana
de la justificación. Tal fue el principal y más álgido motivo de controversia entre Lutero y el catolicismo
de su tiempo: el concilio de Trento abordó la cuestión expresamente en el “Decreto sobre la
justificación” (13 de enero de 1547), condenando la postura luterana y calvinista sobre el tema; mientras
que Lutero, en Los artículos de Esmalcalda, con el dramatismo y elocuencia que lo caracterizaban,
señalaba lo siguiente:

“Puesto que esto tiene que creerse, y no se consigue por obra de ningún género, ni por la ley

ni por mérito alguno, está claro y es cierto que sólo esta fe nos justifica (…). En este artículo

no se puede ceder ni un ápice ni hacer concesión alguna, aunque perezcan el cielo, la tierra y

todo lo que pueda perecer (…). Sobre este artículo está fundado todo lo que enseñamos y

vivimos contra el papa, el demonio y el mundo.”

(Égido 2016:334)

A casi 500 años del cisma, la doctrina de la “justificación solo por fe” sigue siendo una de las doctrinas
más importantes del credo protestante, siendo compartida por todas las diversas familias de iglesias
que podemos hallar dentro del protestantismo. Esta doctrina, por supuesto, no posee solo un valor

histórico o meramente referencial, sino que, como intentaré demostrar, encarna prácticas individuales
e institucionales de vida con sus respectivas consecuencias. Es precisamente en este aspecto funcional
o práctico de la doctrina de la justificación sobre el que deseo centrarme en el presente trabajo a fin de
identificar ciertas tensiones en la práctica de lo religioso. Como cristiano evangélico me siento vinculado
a la realidad de las comunidades de fe evangélicas, de modo que mis alusiones a lo “evangélico” tomarán
en consideración las concepciones y prácticas populares de dichas iglesias en nuestro contexto.

Justificación y Reforma

La doctrina de la justificación forma parte esencial del credo cristiano: Jesucristo “fue entregado por
nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro 4:29). Dispersa en varios de los
textos del Nuevo Testamento, pero sobre todo en los que provienen del canon paulino, la justificación
es aquella doctrina que explica cómo a través de la muerte de Jesús en la cruz el pecador viene a
convertirse en justo delante de Dios. Recordemos que el Credo apostólico, cuyas doctrinas constituyen
fundamentos comunes a todas las iglesias cristianas, señala: “creo (…) en el perdón de los pecados”; y
el perdón del hombre pecador y su reconciliación con Dios es precisamente lo que expresa el concepto
de justificación:

«Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por

los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en

él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de

Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo

Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar

su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…”

(Rom 3:21-25) (énfasis añadido)


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