Repensando la paz y la reconciliación

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La crisis que vivimos hoy nos plantea nuevamente la urgencia de distanciarnos no solo de las lógicas mediatistas de la comunicación, sino también de las racionalidades etnocéntricas que nos impiden pasar de la cultura del individualismo para abrazarnos de aquellas prácticas que se construyen desde la lógica del “nosotros y nosotras”, es decir de la construcción de comunidad.

Quisiera plantear algunas reflexiones alrededor del rol que podemos jugar desde nuestras comunidades y organizaciones de fe en el contexto actual. Este tiempo de confinamiento y distanciamiento social nos ha vuelto un poco nostálgicos y nos ha llevado a valorar los espacios, relaciones, encuentros y momentos que en la presencialidad nos dieron tantas gratificaciones y nos traen a la memoria imágenes que renuevan nuestra esperanza ahora, estuve pensando en qué imagen del pasado reciente nos podría ayudar para extraer aprendizajes comunicacionales para este tiempo.

Entonces inmediatamente vienen a mi memoria los años que me tocó ser parte de un grupo de jóvenes que decidimos entregarnos en cuerpo y alma al servicio del acompañamiento a las víctimas de la violencia política, durante el conflicto armado en el Perú, entre 1980 y 2000. Y luego pensé que esta misma experiencia tuvieron muchos de mis amigos en sus propios países, quienes en esta misma época hicieron militancia desde la comunicación en favor de la justicia, la verdad y la paz en tiempos de dictaduras y violencias.  Dicho sea de paso, esta lucha aún continúa. Aun acompañamos a las víctimas de las violencias y dictaduras que claman por verdad y justicia. La lucha por la memoria sigue siendo un eje central de nuestra apuesta por una sociedad más justa, más humana, más libre de las opresiones.

Entonces, quiero llevarles a repensar nuestras estrategias de comunicación para este tiempo desde el legado de las comunidades proféticas que desarrollaron estrategias de comunicación en favor de la vida y los derechos en aquellos tiempos en los que las comunidades de fe transitaban en medio de las disputas de las mismas narrativas teológicas y pastorales que resurgen en este tiempo.

En el caso del Peru, fueron los agentes de las iglesias que, especialmente en las comunidades rurales se enfrentaron a ambas huestes fundamentalistas, a las del movimiento Sendero Luminoso y a las de las fuerzas armadas, al terrorismo senderista y el terrorismo de estado.

El caso de las comunidades y organizaciones de fe que acompañaron a las victimas durante las violencias y dictaduras debería constituir un modelo pastoral de la comunicación que puede ser útil para trabajar con otros sectores, que, por otras circunstancias, viven en situaciones de exclusión y son víctimas de otras violencias.

Planteo aquí algunos de los rasgos de este modelo que pienso que es importante considerarlo para repensar nuestras estrategias de comunicación ecuménica en este tiempo:

  • Primero la experiencia de los agentes de la fe que se enfrentaron a los fundamentalismos en tiempos del autoritarismo y la violencia política tiene que ver con una dimensión ecuménica de la pastoral de la comunicación que se gestó y se construyó desde el acompañamiento a las víctimas de la violencia. Esta práctica ecuménica de la comunicación se generó desde la interlocución, desde la creación de espacios para el encuentro y desde el caminar con la diversidad. En medio del acompañamiento a las víctimas de la violencia, los agentes pastorales católicos y evangélicos nos enseñaron que lo ecuménico hay que construirlo desde el caminar con la gente, especialmente con aquellos y aquellas a quienes el sistema los y las excluye e intenta extinguirlos (Han, 2017).

La experiencia de las comunidades proféticas durante el conflicto nos ofrece un modelo de práctica ecuménica en favor del bien común, de la justicia y de la promoción de los derechos, que nos invita a pensar que nuestros proyectos de comunicación en el ámbito público deben hacerse desde la lógica del reconocimiento, el empoderamiento y la visibilidad de aquellos rostros de la exclusión. Y esto es vital en la comunicación profética porque, como sostiene Emmanuel Levinas (1993), el encuentro con el rostro del otro, de la otra persona me recuerda mi responsabilidad ética y me interpela a comprometerme con su situación de marginación

  • El segundo rasgo de este modelo nos permite apreciar una perspectiva de la evangelización que se distanció del modelo conversionista mesiánico y de la lógica del proselitismo religioso que no construye diálogos ni promueve el encuentro ni la interlocución. Las comunidades cristianas que acompañaron a las víctimas de la violencia colocaron el sentido solidario y acogedor de la pastoral como un eje central. Ellos y ellas nos enseñaron que de lo que se trata es de construir comunidades de puertas abiertas, preocupadas por restaurar y reparar más que por adoctrinar y colonizar. Precisamente, la cultura de las puertas abiertas y del acogimiento sin fronteras hizo que muchos creyentes fueran asesinados, porque los violentistas e integristas no entienden el valor de la solidaridad y la búsqueda de la justicia y la verdad.
  •  En tercer lugar, este modelo de acompañamiento pone un énfasis especial en el empoderamiento y visibilización de los rostros y demandas de las víctimas. Esto fue posible observarlo en la estrategia que desplegaron los grupos vinculados a las comunidades de fe, junto con otros actores de la sociedad civil, en el sentido de lograr que el relato de las víctimas sobre lo que ocurrió durante la guerra constituyera un aspecto relevante durante el proceso de reconstrucción de la memoria. Este modelo podría inspirar a otros proyectos de comunicación que tienen el desafío de deconstruir comunicacionalmente las narrativas de poder que invisibilizan los rostros y las voces de las víctimas, de los y las que sufren por las violencias de los autoritarismos y se enfrentan a sistemas que legitiman la opresión y se constituyen en cómplices de aquellos que trabajan para poner grandes muros que impiden la construcción de cimientos reales de paz –de Shalom – y justicia, de vida plena.

Al hacer memoria de este pasaje de nuestra historia, me puse a pensar que necesitamos construir un puente o varios puentes de comunicación entre esta experiencia profética del pasado con aquello que enfrentamos hoy en medio de las mismas disputas de las narrativas teológicas y comunicacionales, para seguir afirmando nuestra apuesta por una comunicación profética activa en contraste con los movimientos y lógicas comunicacionales integristas y anti derechos. Así como en el pasado, seguimos bregando porque el derecho a la comunicación no se quede en las declaraciones, sino que sea una realidad, especialmente para nuestros hermanos y hermanas, cuya palabra es constantemente anulada y cuyos rostros son permanentemente invisibilizados.

En el caso se Peru, es interesante observar que esa misma iglesia que se enfrentó al fundamentalismo cuasi religioso de Sendero Luminoso, y al autoritarismo de las fuerzas represoras desde el Estado, hoy fácilmente se abraza con los proyectos religiosos que inciden desde esa misma lógica en otras esferas y agendas que afectan la democracia, y socaban los cimientos de nuestra convivencia ciudadana.

Al enfrentar a los violentistas, de uno y otro lado, las comunidades de fe construyeron ciudadanía, afirmaron la democracia, resistieron la violencia, combatieron el terrorismo. Esta experiencia pastoral y ciudadana debería ser capitalizada para seguir construyendo modelos alternativos de misión y pastoral que se convierta en alternativa frente al neo-fundamentalismo religioso que hace alianza con el totalitarismo político contemporáneo, para incidir desde su agenda religiosa exclusivista en la agenda y las políticas públicas.

En el caso colombiano, ha sido evidente observarlo en el plebiscito sobre los acuerdos de paz, en el que estos sectores hicieron una abierta campaña por el NO, poniendo por delante su agenda religiosa mesiánica y etnocéntrica, despreciando la oportunidad histórica para construir un modelo de ciudadanía que no concilia con las opresiones.

Desafíos para una pastoral desde la comunicación ecuménica

Primero, Cruzar las fronteras comunicacionales diversas

El nuevo contexto nos platea el desafío de cruzar las fronteras comunicacionales para transitar no solo entre los diversos medios y espacios de comunicación, sino fundamentalmente entre la pluralidad de sujetos y cosmovisiones para construir nuevos espacios públicos dentro y fuera de las iglesias, a fin de que podamos dialogar y escucharnos, dar visibilidad a las voces que reclaman comunidades en las que las opresiones, violencias e intolerancias sean eliminadas.

Este enfoque nos invita a repensar el valor de la alteridad y la otredad en nuestras prácticas comunicativas, que implica construir un discurso ético pensado no sólo desde nuestros presupuestos políticos, teológicos o culturales, tradicionalmente institucionalizados. Hace falta recrear, repensar y afirmar nuestros discursos de evangelización desde la interacción con los diversos actores de la sociedad, tomando en cuenta los nuevos lenguajes y relatos que la gente usa para expresar y canalizar sus demandas y propuestas.

Segundo, Incidir desde las veredas ecuménicas más amplias

Un segundo desafío pasa por desarrollar estrategias de incidencia pública que trasciendan la lógica de la construcción de aquellas incidencias que se construyen desde la perspectiva de la afirmación de las agendas religiosas exclusivistas, para inaugurar una lógica de la acción comunicativa que conciba la importancia de abordar los problemas sociales y contribuir a las transformaciones estructurales junto y en diálogo con otros actores de la sociedad.

Esto implica construir una comunidad de cristianos y cristianas que estén dispuestos a insertarse en los espacios y movimientos que se construyen desde las fronteras y veredas ecuménicas y ciudadanas más amplias.

Aquí necesitamos revisar nuestras propias prácticas para reconocer que nuestros propios movimientos no logran aún transitar fluidamente en las veredas no eclesiásticas e insertarse en aquellos espacios donde las resistencias y las protestas se construyen aprendiendo a convivir con lo diverso. Sin embrago, es importante mencionar que observamos hoy una variedad de grupos, organizaciones y redes provenientes de las comunidades de fe que –desde la lógica de la disidencia y las prácticas contestatarias frente a los autoritarismos y fundamentalismos– vienen sensibilizando e incidiendo en el espacio público, abrazando la utopía de que otro mundo es posible. Pero, aun necesitamos construir más vínculos y esfuerzos integrados entre los actores de esta comunidad ecuménica y profética. Es estratégico superar la fragmentación de las iniciativas que se construyen desde la vereda del progresismo cristiano en la región.

En esa misma línea, es importante desarrollar una permanente y estratégica inserción en los espacios y procesos que se construyen desde la sociedad civil, así como en aquellas instancias estatales desde las que se conciben y desarrollan las políticas públicas. Esto requiere construir puentes permanentes de diálogo con los otros actores públicos. Por lo tanto, el esfuerzo por salir del gueto religioso para insertarse en la esfera pública, requiere el desarrollo de una pastoral de la ciudadanía que implique el involucramiento de los miembros de nuestras comunidades de fe en los procesos ciudadanos que se afirman de la defensa de los derechos. Esto implica reconocer que las iniciativas proféticas se construyen no solo desde la iglesia, por lo que el desafío de los colectivos, redes y comunidades de fe es el de construir caminos y proyectos con aquellos actores que no necesariamente se mueven en la vereda religiosa.

Esto supone construir un liderazgo público que exige que las iglesias y organizaciones cristianas generen sus propios espacios internos de diálogo y de discusión sobre las implicancias públicas y la trascendencia política de sus prácticas pastorales o misiológicas.

Tercero, Visibilizar los rostros y narrativas proféticas

Necesitamos rescatar las historias que dan cuenta de las narrativas proféticas del pasado y el presente, y colocarlas en las plataformas que permitan no solo generar diálogo, sino también procesos pedagógicos que afirmen los derechos. Es vital que podamos conocer y reconocer las múltiples historias de hombres y mujeres que desde sus contextos han resistido y están resistiendo cotidianamente a los autoritarismos y opresiones. La visibilidad nos ayudará a hacer propias las alegrías, las luchas, las dudas y esperanzas de aquellos y aquellas que caminan diariamente en nuestra misma vereda y que requieren gestos solidarios en medio de su lucha.

La visibilización de las historias que se han construido o se construyen desde las comunidades de fe proféticas no solo contribuye a reactualizar las fuentes teológicas fundantes de la lucha de agentes pastorales que decidieron hacer una opción teológica y pastoral en favor de la justicia y la no violencia, sino también da cuenta del modo como en medio de las memorias de colonización también se reactivan las memorias de resistencia cultural desde nuestras comunidades (De La Torre, 2013).

Esta visibilidad y empoderamiento público de los rostros proféticos de las iglesias y comunidades de fe es clave en un contexto en el que observamos una incidencia pública cada vez más creciente de aquellos sectores y actores religiosos fundamentalistas que desde su integrismo de fe y su agenda religiosa reduccionista buscan construir agendas públicas e incidir en la construcción las políticas públicas, desde una perspectiva que contrarresta no solo nuestras culturas democráticas, sino también los procesos de laicización en el continente.

Esta estrategia de visibilización de los rostros de las iglesias desde una lógica ciudadana puede tener un impacto pedagógico no solo a nivel de la comunidad política más amplia, sino también al interior de nuestras propias comunidades de fe e instituciones eclesiásticas en donde encontramos aún ciertas resistencias para construir una iglesia sensible al clamor de aquellos y aquellas que claman por más justicia e inclusión, más respecto a sus derechos y menos atropello a su dignidad.

Desde esta perspectiva, los cristianos y cristianas podemos construir un discurso teológico y una práctica pastoral profética en la esfera pública que sea alternativa, pero no marginal, y que al mismo tiempo desarrolle una pedagogía pastoral para una ciudadanía activa.

En un contexto en el que se legitiman los nuevos integrismos y totalitarismos político-religiosos, la experiencia de las comunidades proféticas durante los procesos de conflicto armado, violencia y dictaduras nos ofrece un modelo pastoral alternativo que se construyó desde la búsqueda del bien común, la defensa de los derechos y el acogimiento del excluido. Necesitamos mirar esta experiencia reciente para seguir encaminando la contribución reconciliadora y profética de las iglesias frente a los nuevos movimientos que alimentan e incitan las violencias, opresiones y discriminaciones de este tiempo.

Referencias:

Cunha, Magali (2018). Religião e Política: fundamentalismos evangélicos no Brasil contemporâneo e suas expressões pelas mídias. En: Kuzma, Cesar, Capelli, Márcio (orgs.). Religião, Ética e Política. São Paulo: Paulinas.

De la Torre, Renee (2013). Una agenda epistemológica para replantear las maneras de entender la secularización en América Latina. en: Giménez, Verónica & Giumbelli, Emerson (eds.). Religión, cultura y política en las sociedades del siglo XXI. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Han, Byung-Chul (2017). La expulsión de lo distinto. Barcelona; Herder Editorial.

Levinas, Emmanuel (1993). Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro. Valencia: Pre-Textos.

Meloni, Carolina (2020).  La comunidad intocable. 29 de marzo.  En: https://lavoragine.net/comunidad-intocable-meloni/.

Santos, Boaventura de Sousa (2014) Si Dios fuese un activista de los derechos humanos, Madrid: Editorial Trotta.

Smith, Dennis (2001), “Religion and the Electronic Media in Latin America: A Review”. Ponencia en Conference of the Latin American Studies Association, Washington DC, September 6-8.



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